6 de mayo de 2013

Palacio de Larrinaga.

Con esta entrada inicio la serie de entradas basadas en La Otra Zaragoza, esa que no estamos acostumbrados a ver, incluso los que vivimos en ella. Y es que, la ciudad de Zaragoza esconde cientos de rincones que pueden llegar a ser más magníficos o sorprendentes que aquellos que están catalogados como indispensables en las guías turísticas.

En esta entrada voy a escribir sobre el Palacio de Larrinaga, una auténtica y desconocida joya de la ciudad de Zaragoza.


Este palacio fue mandado construir por Miguel Larrinaga, empresario de la industria naviera de origen bilbaíno, en honor de su mujer Asunción Clavero, natural de Albalate del Arzobispo (en la provincia de Teruel).
El estilo arquitectónico del palacio suele encajarse dentro del modernismo, e incluso desde fuentes oficiales se le ha catalogado como neorrenacentista, los expertos lo catalogan como parte del más excepcional eclecticismo zaragozano.

Uno de los datos más importantes de su diseño es que corrió a cargo de Félix Navarro, un importante arquitecto zaragozano que fue uno de los impulsores del uso del hierro en la arquitectura tras inspirarse en obras y edificaciones de todo el mundo que ya usaban este material.

El emplazamiento del palacio es, como poco, bastante extraño. Para quien no conozca Zaragoza, cabe decir que está edificado en la periferia de la ciudad. Algo no muy común puesto que la mayoría de "grandes construcciones" suelen estar ubicadas en el centro o casco histórico de la ciudades. Pero más raro es aún el hecho de que esta actual periferia, en el momento de la construcción (que comenzó en 1.900 y se prolongó durante casi 20 años), eran las afueras de las afueras de la ciudad. Por aquel entonces, cerca de ese emplazamiento sólo estaban la Estación de Utrillas y La Granja experimental. Más adelante, espero poder escribir sobre estos dos emplazamientos.

Desgraciadamente, el palacio fue ocupado en raras ocasiones. En primer lugar, por el tiempo que se tardó en construir. Los propietarios no tenían precisamente prisa en que se terminase. Durante su construcción, Miguel Larrinaga y Asunción Clavero residían en la vivienda familiar de Liverpool, donde tenían una sede de la empresa naviera.
Tras terminar la construcción, el palacio se deshabitó tras la muerte de Asunción Clavero. Con el paso del tiempo, la propiedad del edificio pasó a manos de Giesa. Y de la empresa de ascensores, pasó a ser la sede del colegio de la congregación religiosa de los Marianistas. Y ya finalmente, en 1993, IberCaja compró el palacio, quienes afortunadamente, dedicaron una gran inversión para la rehabilitación de los interiores del edificio.
Hasta aquí, es la historia más conocida del palacio. Fácil de encontrar por internet, la verdad. Como dato curioso, los residentes del barrio en el que está construido lo llamaban coloquialmente, "el castillo".

Quien haya pasado frente al edifico, habrá podido ver la magnífica belleza de la fachada del edificio.
Los interiores, os puedo asegurar que no tienen nada que envidiar al exterior del palacio. Al andar por sus pasillos, subir sus escaleras, tocar sus texturas... es como si fueras protagonista de una serie de época, como si mágicamente nos trasladásemos a principio del S. XX.
Los detalles repartidos por toda la casa son muy numerosos, sobre todo los centrados en el mundo marino, por ser los Larrinaga, empresarios del sector naviero. Siendo para mí uno de los detalles más curiosos, los caballitos de mar que adornan algunos de los capiteles de las columnas de la fachada principal.
Tras estas líneas, como siempre, os recuerdo que pulsando en cada imagen la podéis ver en mi perfil de Flickr a tamaño completo. Además de poder ver el álbum completo de las imágenes publicadas sobre el Palacio de Larrinaga.

Y antes de despedirme, me gustaría deciros que me da igual que seáis vecinos de Zaragoza o que vengáis de turismo, nos encontramos ante uno de los lugares que tenéis que visitar sí o sí.

Fuente de las imágenes: propia (sergioski1982).
Fuente de la información: Ayuntamiento de Zaragoza.

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