26 de noviembre de 2013

El camino de los incrédulos.

¿Qué hubiera sido de Zaragoza sin la ilustrada brillantez del XVIII personificada en nuestro lumière por excelencia? ¿Qué hubiera sido de Zaragoza sin Ramón Pignatelli?
Paseando por el Canal.
Si por algo es famoso nuestro paisano, es por el Canal Imperial de Aragón. Vale que cualquier obra importante del momento en Aragón llevaba su firma o su implicación, pero la construcción del Canal fue lo que le valió convertirse en una "leyenda" y lo que provocó que se ganase no pocas enemistades entre las grandes familias del momento.
Aun con sus referencias, Pignatelli no estuvo involucrado en el proyecto desde el principio. No fue hasta pasados cuatro años desde que se iniciase que se reclamaron los servicios del ilustrado, y fue precisamente a partir de entonces cuando el proyecto empezó a tomar forma.
De sobras es sabido que el Canal Imperial de Aragón pretendía unir el Cantábrico con el Mediterráneo y que al final no se consiguió. La navegalibilidad que se esperaba conseguir, clave para la exportación de productos aragoneses al resto de la península no llegó a ser posible. Aunque otras de las funciones del Canal sí que fueron posibles. Una en las que más interesado estaba Pignatelli era el regadío. Gracias a la construcción del Canal se distribuyeron acequias a ambos lados de su largo recorrido, consiguiendo llevar agua a las fértiles pero secas tierras de la mayoría del territorio aragonés. Y como no, de ese modo ayudar al progreso de las zonas y personas más desfavorecidas. Por esa gente fue precisamente por lo que Pignatelli aceptó el proyecto, para ayudar a quién más lo necesitaba en la época.
He ahí el éxito del proyecto. Puede que no fuese un éxito tecnológico, ya que no se consiguió el objetivo principal que se pretendía lograr, pero sí que fue un éxito humano. Un éxito logrado desde la voluntad humana.

Por eso dedico esta entrada a uno de los monumentos que nos recuerdan la labor de este gran ilustrado. Como ya sabéis por alguna entrada que he escrito con anterioridad (La Senda de Valdegurriana), el Canal es un lugar excepcional de Zaragoza del que disfrutar a golpe de zapatilla, bicicleta o cámara de fotos. Tanto en sus trazados naturales como en los urbanos nos encontramos con magníficos bosques y obras de ingeniería de otro tiempo, incluso mezcladas en muchos casos.
Pues bien, dirigiéndonos hacia ese lugar en concreto nos encontramos con el Canal a su paso entre el Parque Grande y los Pinares de Venecia, un trayecto en el que en su mayoría estaremos rodeados de imponentes árboles. En otoño no podríamos encontrarnos una mejor estampa, árboles perennes y caducos entremezclados en el paisaje, imaginaos qué mezcla de colores.
Siguiendo por ese camino nos encontraremos con el siempre oculto Río Huerva, y aunque en ese tramo es perfectamente visible, su ribera no es transitable. No obstante, a través de un acceso algo precario, podemos acceder a un trozo de la ribera, lo suficientemente grande como para poder admirar el denominado Ojo el Canal. Uno de los varios puentes/acueductos que ayudan al Canal a salvar la irregular orografía del terreno. En este caso en particular, sirve para salvar al propio Huerva.
Está situado junto a la Almenara de Nuestra Señora del Pilar (o simplemente Almenara del Pilar), edificación que además de distribuir el agua según las necesidades de riego como todas las almenaras, también sirve para soltar agua del Canal al Huerva cuando su caudal es tan voluminoso que pueda suponer un riesgo, siendo más seguro esto que soltar agua sobrante a acequias o distintos sistemas de regadío.
El Ojo del Canal.En Casablanca.
Según seguimos avanzando, el entorno se vuelve cada vez más urbano hasta dar por fin con las Esclusas de Casablanca, que como el resto, servía para que las embarcaciones de recreo pudiesen salvar la diferencia de altura que existía en distintos puntos del Canal. Estas esclusas reciben el nombre del zaragozano barrio en el que están erigidas, Casablanca, que a su vez recibe el nombre gracias a la edificación que hay levantada junto a las esclusas. Su función original era la de molino harinero, aprovechando el curso del agua a tal efecto, y gracias a su particular color, se apodó como La Casa Blanca. Desde el S. XIX, el edificio viene siendo una central hidroeléctrica, una de las primeras de toda Zaragoza.

Y junto a las esclusas, dentro del entorno del Parque de los Incrédulos nos encontramos con la Fuente de los Incrédulos, el monumento dedicado a la obstinación de Pignatelli. El ilustrado no sólo se ganó enemigos por ejecutar este proyecto, si no también burlas de sus coetáneos. Así que cuando las aguas del Canal llegaron a Zaragoza, Pignatelli mandó construir esta fuente con unas líneas dedicadas a los que no creyeron en él.

Incredulorum convictioni et viatorun commodo. Anno MDCCLXXXVI.
La Fuente de los Incrédulos
¿Y vosotros qué, preferís ser incrédulos o caminantes?

Fuente de las imágenes: propia (sergioski1982).
Fuente de la información: propia y Web del Ayuntamiento de Zaragoza.

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