15 de julio de 2015

¿Streetphotography o invasión de la intimidad?

Llevo mucho tiempo queriendo escribir sobre uno de los aspectos más sensibles (a mi parecer) de una de las mayores modas actuales en fotografía, el streetphotography, una moda que lejos de convertirse en algo pasajero o anecdótico gana cada vez más adeptos. Y es que, quién no se ha topado en Instagram u otras redes sociales fotográficas con perfiles que únicamente realizan robados, o dicho de otro modo, publican fotos con personas anónimas sin su consentimiento ni conocimiento.

Antes de entrar en materia me gustaría aclarar que en mis perfiles en redes sociales fotográficas podéis encontrar algún ejemplo de este tipo de fotos, así que podéis pensar que en estas líneas estoy siendo algo demagogo, pero no es así puesto que hay una gran diferencia en la intención original a la hora de tomar una foto.

Soy el primero al que este estilo fotográfico le parece relativamente original, o al menos me lo parece el concepto más ortodoxo de la streetphotography o fotografía urbana, aquel en el que se muestran monumentos, edificios o fachadas de las calles que transitamos habitualmente, incluso aquel en el que se muestra el día a día de nuestras ciudades con total naturalidad.
¿Dónde está pues el aspecto sensible que he mencionado al principio? Pues en el propio sub-género de los robados de la streetphotography, en el que el único objetivo es salir premeditadamente a la calle para hacer fotos a totales desconocidos con el fin de "capturar" su verdadera esencia.
Streetphotography
No son pocos los "expertos" en este sub-género que se dedican a facilitar pistas y consejos para animarnos a dar el salto a este tipo de fotografías. Expertos que siempre esgrimen que no se está haciendo nada malo y que por lo tanto se ha de tener la confianza para capturar a una persona sin su consentimiento con total naturalidad. Y exactamente, no se está haciendo nada malo, peeero... ¿Qué derecho tiene un fotógrafo (profesional o amateur) o cualquier usuario de redes sociales fotográficas a hacernos fotos sin nuestro consentimiento explícito? Más cuando puede darse el caso de que esas fotografías tengan un uso comercial o con el que se obtenga un beneficio directo o indirecto.

No es mi intención la de criticar o demonizar a este estilo de fotografía ni a quienes las llevan a cabo, pero me es inevitable cuestionarme una y otra vez la falta de sensibilidad de estos autores que sin ningún tipo de escrúpulo se lanzan a la calle a romper el anonimato de personas concretas. Tal vez el problema resida en que muchos fotógrafos se plantean esta actividad como un proyecto, pero esas personas retratadas no son proyectos, son precisamente personas, con un nombre, con una vida personal, con unos quehaceres diarios, e incluso puede que sean personas muy celosas de su intimidad. Y no, la respuesta no es que no salgan a la calle, ese no es el problema.

Antes de terminar me gustaría que se hiciese un ejercicio de empatía, sobre todo aquellos que no estén de acuerdo con estas líneas, porque es necesario ponerse en el lugar de quien está frente al objetivo sin saberlo. Pensad que un día una persona descubre que forma parte involuntaria de un proyecto de streetphotography y se queja por ello con todo el derecho y la razón del mundo, pues es posible que a esa persona se le tache de amargada o de atentar contra la libertad artística del autor de la fotografía, pero bajo esta misma premisa podemos afirmar que el autor previamente ha atentado contra su derecho a la intimidad.

¿He exagerado, me he quedado corto o estáis de acuerdo? ¿Cuál es vuestra opinión sobre los robados de los proyectos de streetphotography?

Fuente de la información: propia.
Fuente de las imágenes: propia (sergioski1982).

Redes sociales y fotografía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario